
Odio los finales, no sé porqué pero nunca me han gustado: libros, películas (me refiero cuando son buenas, no las típicas paridas para matar el tiempo). Siempre se me queda como un algo-que-no-sé-que-sé-yo en el estómago, como si esa historia en la que te habías enfrascado tanto de golpe te echara a un lado haciéndote volver a tu propia rutina.
Esta sensación también se repite con el paso de los años, creo que debo tener por alguna parte un gen viejuno que me hace sentir pánico a hacerme mayor. Sospecho que la razón de ese miedo es que sé que las cosas cambian continuamente; el ambiente, la familia, la gente que te rodea, que se puede quedar contigo para siempre (aunque está claro que siempre es demasiado tiempo) o estar de pasada en tu vida.
De esta gente te puedes encontrar de todo: unos tendrán una estancia breve pero que te marcará para siempre, otros te decepcionarán y otros apenas los recordarás vagamente. Luego está la gente que “sobra” y son aquellos que el destino, el azar, el oráculo o el puñetero Dalai Lama ha plantado en algún momento en el medio de tu camino y lo único que hacen es molestar.
A pesar de todo, no me arrepiento de haber conocido a nadie, buenas o malas personas sobran en el mundo y como se suele decir: En la variedad está el gusto.
pd: A veces hay gente como cierta personajilla de rizos meninos que siempre está dandome la tabarra, que hacen que me replantee si lo que acabo de escribir no es pura hipocresía.
Es broma, gracias por la foto, gominola.



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